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Y buscando la escuela perfecta…decidí crear una.

by Waleska Sallaberry
carta de la editora agosto 2014

Soy madre de tres: una chica universitaria que cursó toda su vida en el sistema tradicional y dos chicos a quienes decidí darles una educación alterna. Sus primeros años estuvieron en el sistema Montessori. Luego el destino nos mudó al oeste y aunque había un Montessori “en el área” nos quedaba a una hora de distancia (cada pata)…demasiado tiempo y gasolina para mi gusto. Al año de estar en el viaja que viaje, tuve un sueño. Soñé que abría una escuela ecológica y holística, cerquita de mi casa. Compartí el sueño con mi hijo mayor y le encantó tanto la idea que aquí estamos, un año después, listos para comenzar nuestro segundo año.

En aquel momento tiré la intención de buenas maestras alternativas al Universo y me envió dos maestras adiestradas en la pedagogía Waldorf. No conocía mucho de ella pero sabía que era una pedagogía alterna y que era una buena opción. Al principio, por mi ignorancia, quería crear un híbrido de lo mejor de las diferentes pedagogías, sin entender que ambas diferían grandemente.

Su labor empezó mucho antes de comenzar las clases. Había que preparar el escenario para tan especial escuela. Cada salón debía ser pintado del color específico a la etapa de desarrollo de cada grado. Cortinas y telas de fibras naturales y elementos decorativos de la naturaleza creaban un espacio refrescante y acogedor. ¡Quería ser niña denuevo para ir a esa escuela!

Entonces comenzaron las clases. No había transcurrido un mes y los padres nos pidieron una reunión porque querían saber qué era lo que estaban haciendo sus hijos en la escuela. Todos, incluso los que practicaban la desescolarización, estaban preocupados. Los niños estaban demasiado felices, no llevaban trabajo a las casas y nunca tenían que estudiar. Para ellos era imposible que un niño tan feliz estuviera aprendiendo algo. Querían ver el currículo, que se les dijera semana tras semana lo que estaban estudiando. Claro, cumplimos. De más esta decir que al cabo de otro mes, ya nadie cuestionaba. Todos, yo incluida, nos dimos cuenta que nuestros hijos estaban aprendiendo más de lo que imaginábamos. Entre cuentos, canciones, juegos y vivencias cubrían todas las materias. Tanto era el disfrute y envolvimiento en el proceso que algunos grupos terminaban los bloques en la mitad del tiempo originalmente establecido. Era maravilloso ver cómo todos iban floreciendo. Al cabo del primer semestre, el niño con problemas del habla que no se atrevía leer en voz alta porque su maestra anterior lo había traumatizado con sus burlas, no sólo leía sino que ya hablaba un segundo idioma; el niño que no sabía leer a los ocho años ya leía; los niños más mañosos ya estaban comiendo vegetales y granos que nunca habían querido tan si quiera probar (porque en mi escuela la alimentación es orgánica y vegetariana), el niño de diez años que nunca había trepado un árbol había ya escalado el árbol más alto de la finca; los niños tarareando o cantando hermosas canciones mientras hacían sus tareas…en fin, magia manifestándose ante nuestros ojos. ¡Todos queríamos ser niños denuevo para ir a esa escuela!

Durante el mismo tiempo, con mi sombrero de directora, abrí mis ojos a la triste realidad del sistema de educación de la isla…a la falta de vocación y sensibilidad de muchos maestros…al “bullying” que los administradores dejan pasar por alto…a la cantidad de niños medicados…a la cantidad de niños sobrepeso. Estas dos últimas bien podrían evitarse si sacaran toda la basura que venden en las escuelas y que sirven en los comedores, y si dieran más tiempo de recreo y juego al aire libre. ¿Cómo pretender que un niño, alimentado con refrescos, dulces y comida chatarra y procesada, esté sentado entre cuatro paredes todo el día, sin tiempo de esparcimiento? Cualquiera trepa paredes. Pero claro, es más fácil etiquetar al niño con ADD o ADHD a hacer los ajustes necesarios en el sistema (¡y la casa!). ¿Acaso no conocen los efectos secundarios de todos estos medicamentos? ¿Acaso no entienden lo importante que es el tiempo en contacto con la naturaleza, del juego libre? Entre medicamentos y videojuegos esta generación vive desconectada de la realidad. Me irrita ver como muchos padres se preocupan porque el niño ande descalzo o se pueda caer por estar trepando árboles y no se preocupan del daño que le están haciendo con las nanas electrónicas, con la información que entra a sus cerebritos a través de la televisión y los juegos sangrientos en las que pasan horas muertas, o con la comida chatarra que los alimentan.

¡Uy! Hay muuuucho trabajo que hacer…muuucho que educar! Necesitamos reevaluar el sistema. Necesitamos reevaluarnos a nosotros como padres. Olvidarnos de la idea boba de que los niños deben graduarse de nuestra alma mater. Olvidarnos del consumismo desmedido y en vez de cosas materiales darle a nuestros hijos experiencias de vida. Los tiempos han cambiado, también el sistema. Estos niños vienen con otro chip y necesitan nuevos estímulos (¡que NO son los videojuegos, que no es embotellar para sacar As a como de lugar!). Ellos necesitan una educación (y una crianza) que los inspire, que los rete, que los enriquezca más allá de lo académico. Ellos necesitan prepararse para enfrentar el futuro. Nuestro mundo necesita un cambio…necesita individuos de libre pensamiento, seguros de si mismos, con responsabilidad social y ecológica. ¿Estas preparando a tus hijos para ello?

¡Hasta la próxima! Paz y amor,

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